Transilvania, esa región llena de misticismo acerca de personajes ficticios y no tan ficticios. Región fría e inhóspita, donde la gente vive como puede.
Este fin de semana hicimos un tour por las ciudades principales de Rumanía: Brasov, Sibiu, Sigisoara, y el mítico pueblo de Bran, lugar donde se erige el misterioso castillo del conde Drácula.
Mitos del castillo:
Se dice que perteneció al conde drácula, realmente conocido como Vlad Tepes, y así fue, pero el sólo habitó el castillo durante 3 días, antes de ir prisionero durante 13 meses a Hungría. "Vlad Draculea" nació en Valaquia, región con la que hace frontera este castillo. fue construido para prevenir a la región de Transilvania de las incursiones turcas, pero más como un "punto avanzado", que como una fortaleza en sí. La gran fortaleza de Transilvania se encuentra en Sibiu.
La verdadera propietaria, la cual sí llegó a vivir en el castillo, fue la Princesa Ileana de Rumanía.
Es un castillo muy bonito, y está muy bien cuidado. Sólo ha sido reformado una vez y para evitar que se degradara demasiado.
En el castillo, se puede ver cómo vivieron ella y sus descendientes.
Otra parada muy bonita fue Sibiu, una ciudad muy bien cuidada y que recuerda a la era medieval sin duda alguna. Sibiu (al igual que Brasov) es una ciudad fundada por alemanes y húngaros, ya que hasta la 1ª Guerra Mundial, esta región estuvo en disputa entre el imperio Austro-Húngaro, el Reino de Rumanía y el imperio Otomano. se dice que esta ciudad creció gracias a su interés comercial, ya que tenía uno de los principales mercados de la ruta entre europa central y el sureste.
Esta ciudad intenta mantener las características de sus antiguos tiempos, cosa que la hace aún más bella de lo que ya es.
La última parada fue Sigisoara, una ciudad que me dejó completamente enamorado. Torres e Iglesias de colores, un cementerio milenario conservado en perfecto estado, y todas las casas están decoradas de maneras muy peculiares, como podréis apreciar en la foto:
Un viaje que recordaré siempre, a pesar de las interminables horas en autobús, la nieve y el frío, el hotel baratero, y lamentablemente haber conocido a erasmus españoles de Brasov, y darme cuenta de que son una pandilla de animales sin conciencia, recordándome lo que voy a ver al volver a España.



